Mirando hacia atrás me doy cuenta de que mis inquietudes literarias empezaron hace mucho tiempo. Ya de muy joven (de niño incluso), recuerdo haber escrito algún que otro cuento, varios poemas, alguna pequeña obra de teatro, sí, incluso alguna canción.
No era mi pretensión, por aquel entonces, convertirme en escritor. Por cierto, tampoco lo fue más tarde y no lo es hoy en día. Lo que me movía entonces, después y ahora es una ilusión, solo una: La de plasmar en palabra escrita los mundos de fantasía en los que me muevo.
Es cierto. Cuando estoy aburrido, cuando la tristeza hace acto de presencia, cuando las circunstancias me ponen eufórico, cuando la musa me visita,… Me marcho simplemente al mundo, mejor dicho a los mundos de fantasía en los que paso gran parte de mi tiempo. Allí soy partícipe de las vivencias más variopintas y las historias más interesantes que uno (yo) se pueda imaginar. Luego, cuando regreso al mundo real, no tengo mas que plasmar lo vivido en palabras y ya está.
Así surgió “Diles que me quieres” mi primera novela, con la que sin esperarlo, conseguí la gloria de verme galardonado con el Premio Odisea de Literatura LGTB en el año 2011. Aunque el mejor galardón me lo han dado los múltiples comentarios de los lectores. Sus críticas me han alentado a seguir adelante con otros proyectos. Porque poder provocar una sonrisa, una carcajada, una lágrima, un suspiro en la cara de un lector es el mejor de todos los premios que uno pueda conseguir.